De Malpica a Fisterra, el Camino de los Faros recorre unos 200 kilómetros por uno de los tramos más accidentados del litoral gallego. Una travesía de ocho jornadas que sigue la línea de costa, enlazando faros, acantilados, playas, sistemas dunares y pequeñas poblaciones pesqueras de la Costa da Morte.
El itinerario discurre por un territorio donde el océano Atlántico ha modelado un paisaje de grandes contrastes, desde los promontorios rocosos expuestos al oleaje hasta las rías y ensenadas que ofrecen refugio a las embarcaciones.
La Costa da Morte. Entre naufragios y faros
La Costa da Morte debe buena parte de su identidad a la estrecha relación que sus habitantes han mantenido con el mar. Durante siglos, este litoral fue escenario de numerosos naufragios, favorecidos por la presencia de bajos rocosos, temporales atlánticos y las dificultades de navegación en las proximidades del cabo Fisterra.
Uno de los episodios más conocidos fue el hundimiento del buque británico HMS Serpent en 1890, frente a la costa de Camariñas. Más de un centenar de marineros perdieron la vida y muchos fueron enterrados en el lugar que hoy conocemos como Cementerio de los Ingleses.
La construcción de los faros permitió mejorar progresivamente la seguridad marítima. Entre ellos destaca el Faro Vilán, situado sobre un promontorio rocoso de gran altura, que en 1896 se convirtió en el primer faro de España en utilizar iluminación eléctrica.
Estos faros, construidos para orientar a los navegantes, son hoy algunas de las principales referencias del itinerario.
Un paisaje modelado por el Atlántico
El Camino de los Faros atraviesa una costa dominada por los afloramientos graníticos, los acantilados y las playas abiertas al océano. La acción del oleaje y del viento ha dado lugar a numerosas formaciones rocosas, mientras que en las zonas más protegidas aparecen estuarios, marismas y sistemas dunares.
Uno de los espacios naturales más interesantes es la ensenada da Insua, en la desembocadura del río Anllóns, junto a Ponteceso. Sus marismas y arenales constituyen un importante refugio para las aves acuáticas y migratorias.
Más al sur, el sendero atraviesa el entorno de Camariñas, con sus extensiones de matorral atlántico y los grandes bloques de granito que caracterizan este sector de la costa.
El recorrido también permite conocer pequeñas poblaciones marineras como Laxe, Camariñas y Muxía, donde la pesca, el marisqueo y la elaboración artesanal de encaje de bolillos forman parte de la cultura local.
Etapas del Camino de los Faros
La travesía se organiza habitualmente en ocho jornadas, con distancias y dificultades variables. Aunque no presenta grandes altitudes, el continuo ascenso y descenso por los acantilados y la irregularidad de algunos senderos hacen que varias etapas resulten exigentes.
Malpica – Niñóns: 21 km. Primer contacto con los acantilados y playas de la Costa da Morte.
Niñóns – Ponteceso: 26 km. Recorrido por el Monte Branco y la desembocadura del Anllóns.
Ponteceso – Laxe: 25 km. Dunas, arenales y pequeñas poblaciones costeras.
Laxe – Arou: 17 km. Paso por el Faro de Laxe y la conocida Playa de los Cristales.
Arou – Camariñas: 23 km. Una de las jornadas más características, con el Cementerio de los Ingleses y el Faro Vilán.
Camariñas – Muxía: 32 km. Una larga etapa que finaliza junto al santuario de la Virxe da Barca.
Muxía – Nemiña: 24 km. Acantilados, pequeñas aldeas y playas abiertas al Atlántico.
Nemiña – Fisterra: 26 km. Última jornada hasta el cabo Fisterra, uno de los lugares más simbólicos de la costa gallega.
Las distancias son aproximadas y pueden variar según el trazado y los accesos a los alojamientos.
Muxía y Fisterra. Entre el mar y las tradiciones
El tramo final del Camino de los Faros atraviesa dos lugares especialmente vinculados a la historia y las tradiciones de Galicia.
En Muxía, el santuario de la Virxe da Barca se levanta junto al mar, rodeado de grandes bloques graníticos asociados a distintas leyendas populares. Entre ellos se encuentran la Pedra de Abalar y la Pedra dos Cadrís, vinculadas a antiguas creencias y rituales.
El recorrido termina en Fisterra, cuyo nombre procede del latín Finis Terrae, una denominación que recuerda la percepción de este extremo occidental como límite del mundo conocido. El cabo está estrechamente relacionado con las rutas marítimas atlánticas y, en la actualidad, también con la prolongación del Camino de Santiago hasta la costa.
Una travesía por el litoral gallego
El Camino de los Faros es un itinerario exigente por la longitud de algunas jornadas, los desniveles acumulados y la presencia de senderos rocosos y terrenos irregulares. La proximidad al océano obliga además a prestar atención a las condiciones meteorológicas, especialmente en los tramos más expuestos.
La primavera y el comienzo del otoño suelen ofrecer buenas condiciones para recorrerlo, aunque las lluvias y el viento pueden aparecer durante cualquier época del año.
A lo largo de la travesía es posible alojarse en pequeñas poblaciones costeras, donde también se puede conocer la gastronomía tradicional de la zona, estrechamente vinculada a los productos del mar.
El Camino de los Faros permite recorrer a pie uno de los litorales mejor conservados de Galicia, combinando el interés natural de sus paisajes con la historia de la navegación, los naufragios y las comunidades marineras de la Costa da Morte.
Información:
Grandes Espacios número 298. Especial Camiño dos faros

