Viajes de papel. La vuelta al mundo en ochenta juegos, de Marcus du Sautoy

 

La vuelta al mundo en ochenta juegos, de Marcus du Sautoy, toma como inspiración estructural la célebre novela de Julio Verne, La vuelta al mundo en ochenta días. Siguiendo ese espíritu de viaje y descubrimiento, Marcus nos propone un recorrido simbólico por distintos países y épocas, donde cada parada está marcada por un juego representativo de su cultura, ochenta en total. Al igual que en la obra de Verne, el desplazamiento no es solo geográfico, sino también intelectual: cada juego permite explorar cómo las sociedades han entendido el desafío, la competición, el azar y la cooperación a lo largo de la historia.

A través de estos juegos —desde el backgammon hasta el Risk—, el autor muestra cómo el acto de jugar ha sido una constante universal en la historia humana. Los juegos funcionan como espejos culturales que revelan jerarquías sociales, rituales, conflictos y formas de convivencia, y también como herramientas para transmitir conocimiento entre generaciones. El autor va combinando en el relato los datos históricos con sus experiencias personales con cada juego y con relatos del viaje para dar vida a este recorrido lúdico por el mundo.

El subtítulo, Un matemático desvela los secretos de los mejores juegos, nos adelanta que este ensayo también busca las matemáticas que se esconden detrás de los juegos, explicando conceptos como la probabilidad, la estrategia, la lógica y la teoría de juegos. Du Sautoy demuestra que muchos principios matemáticos surgieron de la necesidad de entender y mejorar la forma de jugar, mucho antes de ser formalizados académicamente. Y lo hace precisamente porque él es matemático y un sorprendente especialista en juegos. Así, el libro defiende la idea de que jugar no solo tiene que ser una actividad recreativa, sino que también puede ser una poderosa forma de pensar, aprender y comprender la complejidad del mundo.

Se plantea así una interesante lucha entre el jugador, al que él llama letraherido, y el matemático. Aquí se le ve el plumero: es un adicto a las matemáticas. Por eso, este libro tiene una lectura para los amantes del juego, otra para los amantes del juego y las matemáticas y una tercera, incluso, para los amantes solo de las matemáticas. Para mí, un letraherido que cree en el azar, lo más farragoso de la lectura es precisamente el desarrollo de la parte matemática de los juegos. Aunque he entendido alguna cosa de estos sesudos análisis porque están bien desarrollados, toda la parte cultural, histórica y personal de cada juego me ha parecido lo más interesante, fabulosa en muchas ocasiones.

Eso sí, con Marcus no apostaría dinero en ningún juego.

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